Cuando uno visita el observatorio de Greenwich se lleva dos sorpresas. Una: se pronuncia «grénich«. Y dos: si uno lleva un GPS encima, y todos lo hacemos puesto que llevamos un teléfono móvil a todas partes, podrá comprobar que la longitud que se indica en el mapa no es la que debería. Teóricamente, si uno se sitúa con un pie a cada lado del meridiano que está pertinentemente dibujado en el patio del edificio, el dispositivo debería indicar longitud cero. Cero patatero. Pero no lo hace: la medición puede variar de dispositivo en dispositivo, pero lo normal es que nos sitúe unos 0,0014 grados al oeste del cero. Más o menos unos cien metros, metro arriba o abajo. ¿Por qué sucede esto? ¿Está mal colocado el Oberservatorio de Greenwich? ¿Cómo puede estar mal colocado si es el que le otorga su nombre al único meridiano que lo tiene? La realidad es más sencilla: el Meridiano de Greenwich ya no es el Meridiano Cero, y no lo es desde hace muchos años.

El concepto de «Meridiano Cero» proviene de la antigüedad, y no por casualidad su inventor fue Eratóstenes, el mismo tipo que midió por primera vez de manera precisa la circunferencia de la Tierra. El Meridiano Cero es aquel a partir del cual se miden las distancias en grados de circunferencia, y por tanto el que se usa para cartografiar el territorio. Su definición es, por tanto, absolutamente arbitraria, y hasta finales del siglo XIX había unos cuantos en uso, según quién fuera el autor de los mapas. En Estados Unidos se usaban varios que pasaban por Washington, en Francia el Meridiano de El Hierro (por ser el último lugar del «Viejo Mundo»), que luego fue sustituído por el de París; en Holanda tenían como base el de Tenerife por similares razones, en Rusia el de Pulkovo, y en Inglaterra, por supuesto, el de Greenwich. Por ser el Reino Unido el país más tecnológicamente avanzado y el inventor de la hora oficial, la Conferencia del Meridiano de Washington en 1884 escogió el Meridiano de Greenwich como punto cero del mundo y como origen del cómputo del tiempo. Y así un pequeño observatorio a las afueras de Londres se convirtió en la fuente planetaria de horas, minutos y segundos en sus dos acepciones, geométrica y cronológica.

Durante setenta años Greenwich fue el Meridiano Cero del mundo, pero a finales de los años cincuenta comenzaría una sucesión de acontecimientos que acabaría destronándole. Todo comenzó con una palabra rusa: Sputnik. Los bips que envió el satélite soviético en octubre de 1957 propiciaron una auténtica revolución científica en Estados Unidos; entre otras cosas supuso la creación de la NASA y el inicio de la Carrera Espacial. Apenas un año después comenzó el desarrollo de los satélites Transit, que acabarían convirtiéndose entre 1964 y 1968 en el primer sistema de posicionamiento por satélite del mundo. La cartografía y la calibración de la red se llevaron a cabo en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore. Se utilizó, por tanto, un sistema basado en su propia ubicación. Si la Tierra fuera perfectamente esférica y regular no supondría ningún problema, pero nuestro querido planeta no es ninguna de las dos cosas, y esas irregularidades acabaron moviendo ligeramente el meridiano de referencia.

Simplificando mucho, el problema del Meridiano de Greenwich es que se creó usando las estrellas como referencia, basándose en su posición en el cielo, y específicamente midiendo el tiempo cada vez que pasaban exactamente por encima del observatorio, en su vertical. Es decir, que es una línea que se mueve junto con una determinada posición en la Tierra. Pero las placas tectónicas, como sabemos, hacen que las masas terrestres se desplacen (unos dos centímetros al año, en el caso de Europa), así que el Meridiano se trasladaría con ellas. Además, el concepto de «encima» varía también según lo hace el concepto de «abajo», que viene lógicamente marcado por la gravedad de la Tierra. Pero la gravedad, sorpresa, también tiene irregularidades, no es idéntica en toda la superficie terrestre porque depende mucho de la distancia al centro de la Tierra y de la masa inmediatamente bajo el trasero del gozoso usuario de las leyes newtonianas. El sistema que desarrollaron en Baltimore no se basa en posiciones terrestres sino que usa los propios satélites para tomar mediciones, lo que permite mucha mayor exactitud. Con los años y el advenimiento del GPS, otro sistema norteamericano, la mayor parte de instituciones adoptaron el nuevo meridiano de referencia, hasta que con la creación del International Earth Rotation Service, una organización internacional con un nombre maravilloso y un logo aún mejor, el Meridiano Cero quedó finalmente establecido en su posición actual, y todos los coches, aviones y teléfonos móviles del mundo (al menos los civiles) lo utilizan para ubicarse en el planeta.

Fuentes y más info: Wikipedia (ES, EN), I Fucking Love Science, y dos vídeos de Tom Scott y de Stand-Up Maths.
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La International Earth Rotation Service se me hizo como la organización archi villana del terraplanismo internacional. Y con ese maravilloso logo creo que lo confirmé.
Por otro lado, decime que los británicos pusieron un meridiano de Greenwich corregido a 100 metros del observatorio por favor
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