Para los habitantes de la isla de Kauai, la silueta de Niihau recortándose contra el horizonte es una vista a la que están acostumbrados. La isla está a sólo veinticinco kilómetros de sus playas, al fin y al cabo. Sin embargo, la inmensa mayoría de ellos jamás pondrá un pie allí. Ni ellos, ni nadie, porque Niihau está fuera de límites para todos los que no hayan sido invitados personalmente por sus propietarios. Porque sí, Niihao es una isla que tiene dueños, una en donde no hay carreteras, coches, red eléctrica, agua corriente, hospitales o policía, un reino privado en el que se vive y se trabaja como si Hawái nunca hubiera sido absorbido por los Estados Unidos, donde el tabaco y el alcohol están vetados y las casas son gratis. Hoy en Fronteras, Niihau, la isla prohibida

Antes de ser uno de los 50 estados de EE.UU., Hawái era un reino, unificado en 1795 bajo los auspicios del rey Kamehameha I. Sí, se llamaba así, y sí, Dragonball sacó el nombre de allí. Kamehameha tomó bajo su mando todas las islas del archipiélago excepto dos: Kauai y Niihau, que finalmente acabaron pasando por el aro década y media más tarde. Los Kamehamehas se sucedieron en el trono y cuando ya iban por el quinto, allá por 1863, llegó a las islas una escocesa llamada Elizabeth Sinclair, que venía de vender unas cuantas plantaciones en Nueva Zelanda. Deseosa de establecerse en un lugar más cálido, le compró al monarca la isla de Niihau, además un buen pedazo de la vecina Kauai, a cambio de una generosa cantidad de oro. En aquel momento la población de Niihau consistía en unos trescientos nativos y alrededor de veinte mil ovejas. Si venía de Nueva Zelanda, efectivamente se sentía como en casa. Los Sinclair, Elizabeth, sus hijos y sus parientes políticos, se instalaron todos en la isla, que se convirtió en su rancho.


No fue hasta 1915 cuando Niihau se transformó en el patio privado de recreo de los Sinclair, que a estas alturas ya no se llamaban así por aquello de que las mujeres toman el apellido de sus maridos. Uno de los nietos de Elizabeth, Audrey Robienson, cerró la isla al mundo, informó a los nativos de que les consideraba invitados y que estaban sujetos a sus normas y procedió a introducir una serie de reglas en las comunidades locales. El acuerdo de compra de la isla obligaba a los Sinclair y a sus herederos a mantener la cultura tradicional hawaiana, así que la isla se convirtió en un santuario de las lenguas y dialectos del archipiélago. Sigue siendo la única de las islas donde el hawaiano es la lengua más habitual, de hecho. Después de un par de herencias más Niihau llegó a sus actuales propietarios, los hermanos Bruce y Keith Robinson, que mantienen el territorio como un pequeño imperio donde su palabra es ley, la última monarquía absoluta de América. O de Oceanía, depende de dónde consideremos que está Hawái.

Entre las normas que los locales han de cumplir, está la de no ausentarse demasiado tiempo de la isla, o el regreso les estará vetado. Están prohibidas las barbas, el pelo largo, los tatuajes y hablar con los medios de comuncación, o simplemente en público, de cómo es la vida en Niihau. Desde luego también están prohibidos el tabaco, el alcohol y las drogas, y hasta hace no demasiado la misa dominical era obligatoria para toda la población. La pena por incumplir las normas es el destierro. Todas las personas que hablan con periodistas o con cualquiera que vaya a husmear por allí sólo se atreven a contar algo bajo estrictas condiciones de anonimato, por temor a las represalias que ellos, o sus familias, puedan sufrir. Pero no sólo los nativos están sujetos a las estrictas normas de los Robinson. En la isla opera una base de la Armada estadounidense, una estación de radar automatizada que recibe frecuentemente personal militar para su mantenimiento. Los militares que recalan en la isla tienen prohibido también fumar, beber o jugar a las cartas, y ni siquiera están autorizados a portar armas. Si se mueven por la isla sólo pueden hacerlo escoltados por Niihauanos, no pueden realizar actividades militares en domingo, y tampoco hablar del lugar una vez lo abandonen.

Políticamente la isla también es una anomalía. Las convicciones calvinistas de los dueños/monarcas de Niihau influyen notablemente en los isleños. Hawái es uno de los estados más fuertemente demócratas; ha votado azul en todas las elecciones desde 1968, y sólo en dos ocasiones desde que el archipiélago alcanzó la condición de estado de la unión ha votado republicano, a Nixon en el 72 y a Reagan en el 84, en unas elecciones en las que el actor metido a presidente ganó todos los estados menos uno. En 2020 todos y cada uno de los votos de Niihau fueron para Donald Trump. En 2024 todos menos uno. Salvo la segunda elección de Obama, donde el presidente en ejercicio ganó contra todo pronóstico entre los isleños por un estrecho margen, la isla siempre ha votado republicano ampliamente.

La instalación militar es la principal fuente de riqueza de la isla; aproximadamente el 80% de todos los ingresos de Niihau provienen de la marina estadounidense. Hasta finales de los años 90 operaba un rancho en la isla, pero casi nunca fue rentable y desapareció en el 99. Otras industrias que los Robinson han intentado instalar en la isla (minería del carbón, apicultura, una piscifactoría) tampoco han resultado lucrativas, y el resto de la economía está compuesta fundamentalmente por la exportación de pulseras hechas con los restos de conchas marinas arrastradas por la marea a las playas de la isla. Los nativos de Niihau no sólo tienen casa y enseñanza gratis, sino que la mayoría de la comida que consumen está pagada total o parcialmente por los Robinson. El resto es caza y pesca de la que ellos mismos se encargan. Como no hay agua corriente, todas las casas tienen que tener recipientes y sistemas para recoger la lluvia; la electricidad, por su parte, proviene de paneles solares. La escuela de Niihau es la única de Hawái, y de todo Estados Unidos, en funcionar exclusivamente con energía solar.

Niihau no sólo es un santuario para la lengua y la cultura hawaianas, también para la flora y la fauna endémicas del archipiélago. A diferencia del resto de las islas, cuyas economías se han reconvertido al turismo, en Niihau apenas llegan visitantes desde el exterior, y los que lo hacen están bajo un estricto régimen de bajo impacto medioambiental. La foca monje hawaiana, una especie en peligro de extinción, ha encontrado en la isla un habitat ideal, al igual que otras muchas especies propias de Hawái, como el pato hawaiano o la cigüeñuela de cuello negro. Cabras, antílopes y jabalíes permiten a los locales vivir también de la caza, y las aguas incontaminadas de la isla proveen de abundante pesca. Pero pese a la gratuidad del alojamiento y a la subvención alimenticia, la población no para de descender. Cruzar el estrecho brazo de mar que separa Niihau de la isla vecina es como saltar del siglo XIX al XXI. Cosas como Internet, grifos de los que no sólo sale agua sino además caliente, televisión, supermercados, centros médicos, dentistas, aire acondicionado, coches, libertad de expresión y, en general, no vivir en un museo antropológico viviente, resultan demasiado atractivas. En la última década y media la isla ha perdido la mitad de su población, que ahora se reduce a medio centenar de personas. No queda mucho para que sólo los Robinson habiten aquello. En las última décadas de la administración de la isla, del reino, se ha encargado la mujer de uno de los hermanos, una nativa hawaiana que, cuentan, ha resultado ser aún más estricta que su marido. Si bien del día a día se encargan los propios habitantes de Niihau, la última palabra en todas las decisiones la tiene ella. Y tanto su marido como su cuñado ya son octogenarios. ¿Serán ellos los últimos monarcas de Niihau o sus hijos continuarán con el último reino medieval del Pacífico?

Fuentes de las fotos y del texto: Wikipedia (2), Business Insider, Tripsavvy, Hawaai Magazine, Niihau Heritage, Mil y un viajes por el mundo.
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En Niihau están prohibidos casi todos los vehículos a motor, así que la manera principal de moverse es a caballo
Eso si, la foto a la que sirve como pie la frase anterior muestra más coches que caballos 😂
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Jajajaja, pero están abandonados los que se ven al fondo
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