El hombre que simuló una erupción volcánica como broma de April Fools

El 1 de abril de 1974 era un día más para los cinco mil habitantes de Sitka, un pueblo pesquero en la costa del Panhandle de Alaska. El horizonte de la localidad estaba dominado por la masiva silueta de un volcán, el Hedgecumbe, que con sus mil metros de altura aquel día era visible desde cualquier punto del pueblo. Todo discurría según lo esperado en una mañana de lunes clara y soleada hasta que de repente un penacho de humo apareció en el cráter del volcán. Después de más de cuatro mil años sin una sola erupción, la montaña parecía amenazar a los habitantes de Sitka. Vecinos y trabajadores se lanzaron asustados a las calles y llamaron a la policía, temerosos de lo que pudiera suceder. Pero no sucedió nada, porque todo era una broma, una broma increíblemente elaborada y planificada durante años por uno de los tipos más curiosos que haya parido el estado del Norte: Porky Bickar.

La «erupción volcánica» de 1974, en una de las escasísimas fotos que se conservan del evento (Hoaxes)

Oliver J. Bickar, Porky (gordito) para los amigos, nació en el estado de Washington en 1923. Antes de cumplir los 20 años se alistó a los marines, y participó en el desembarco de Normandía como personal auxiliar. Cruzó al continente y llegó hasta Berlín. Como la mayoría de los honbres de su generación, cuando regresó a casa se casó y tuvo hijos, con los que se trasladó a Alaska tras aceptar un puesto de leñador a principios de los sesenta. Con una personalidad arrolladora, extrovertido, campechano y siempre haciendo chistes y «dad jokes«, en seguida se ganó fama de bromista entre los habitantes del pueblo, sobre todo tras abrir un negocio de ferretería, aserradero, maquinaria, piezas y en general cualquier cosa relacionada con máquinas que se mueven. Porky’s Equipement Inc. era una tienda conocida por todo el pueblo, como su dueño. Cuando llevaba ya diez años en Sitka se le ocurrió la idea.

Porky Vickar en la feria de su pueblo, en los años 70 (Hoaxes)

El clima de Sitka es inusualmente suave para tratarse de Alaska, las temperaturas bajo cero son comunes pero rara vez duran más de una semana seguida. A cambio, tiene inviernos muy nublados y con pocos días despejados. Por esa razón, la primera vez que a Porky Bickar se le ocurrió la idea no pudo llevarla a cabo: la gracia de fingir una erupción volcánica es que el volcán se vea, y eso sólo sucede en los días claros, porque el Hedgecomb está a más de veinte kilómetros del pueblo. El 1 de abril de 1971 amaneció nublado, como también lo hicieron los días 1 de abril de 1972 y 1973. Pero el April Fools de 1974 amaneció espléndido y con una visibilidad increíble, así que Porky le dijo a su mujer que ese era el día y se puso en marcha. Su panda de amigos en Sitka se hacían llamar los «Dirty Dozen» (el título original de Doce del patíbulo), y los convocó para ejecutar la broma, porque iba a necesitar su ayuda. Cuando se le ocurrió la idea, tres años antes, recogió docenas de neumáticos viejos y los almacenó en su negocio. La mañana del día de autos sólo necesitaban una manera de llevar toda esa goma hasta el crater del volcán y pegarle fuego. Más fácil de decir que de hacer, claro, pero al tercer intento encontraron un piloto de helicóptero en Petersburg, a 150 kilómetros de allí, dispuesto a participar en la hazaña. Así que ataron los neumáticos, cargaron un barril de gasolina y se fueron al volcán.

El helicóptero cargando los neumáticos en la explanada del negocio de Porky Bickar (Last Frontier)
Rumbo al volcán (Last Frontier)

Después de depositar las ruedas, de rociarlas con gasolina y de pegarles fuego, los amigos regresaron a la aeronave y salieron pitando de allí. Antes de incendiar aquello, Porky se encargó de pintar con spray sobre la nieve las palabras «APRIL FOOL» en letras negras de quince metros de alto. Al bromista se le había ocurrido llamar a la policía local para explicar lo que iba a hacer, y también al aeropuerto, pero se le olvidaron los guardacostas, que tenían (y tienen) una base en el pueblo. Así que cuando la gente, asustada, empezó a llamar a todos los teléfonos de emergencias, los guardacostas enviaron un helicóptero. Quince minutos después de que los neumáticos empezaran a arder, el piloto se acercó al cráter del volcán y se encontró el caucho en llamas y a su lado, las enormes letras explicando el fenómeno. En seguida la noticia llegó al pueblo, retransmitida por la radio local, pero sobre todo por el boca oreja. That son of a gun has done it again. Si Porky ya era conocido en el pueblo, aquel día se convirtió en leyenda.

La humareda y las letras pintadas sobre la nieve (Last Frontier)

Visto con medio siglo de distancia, sorprende que no sólo nadie se molestó, sino que las autoridades no tomaron ninguna medida. Es más, el alcalde, el jefe de policía y el controlador del aeropuerto fueron de los primeros en felicitar a Bickar y sus amigos por su ingenio. Explicaron cómo se hizo la broma en prensa y radio, y la historia se hizo hueco incluso en los periódicos de fuera de Alaska. Tengo pocas dudas de que hoy en día algo así acabaría con no menos de media docena de personas en la cárcel. Pero todavía hoy, veintitrés años después de su muerte, Porky Bickar es una leyenda en Sitka, y cada 1 de abril muchos medios y televisiones en Alaska y en el resto de Estados Unidos recuerdan su broma, una de las mejores de la historia.

Otra vista de la «erupción» desde la Bahía de Sitka (Sitka.com)

Fuentes: The Last Frontier, Anchorage Daily News, Web oficial de Sitka, Museum of Hoaxes, Coffee or Die, Forbes, AK News.

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Puedes encontrar esta historia, y todas las demás, en El Mapa de Fronteras

Y, sí, en HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA también se habla de helicópteros, de Alaska, de gente que hace cosas raras y de historias curiosas y descacharrantes narradas con el mismo tono serio y académico que caracteriza este lugar. Es casi Sant Jordi. Regálaselo a alguien. A tu vecina. A tu compañero de trabajo. A tus hermanos, padres, tíos, primos, sobrinos, hijos, perros, gatos. A quien sea.  A ti mismo, incluso. PERO COMPRA MI LIBRO.


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