Calles sin asfaltar, ninguna carretera que llegue al pueblo, los precios más altos de todo el país, setenta días consecutivos sin luz solar durante el invierno y temperaturas bajo cero nueve meses al año. En las afueras de la localidad hay dos cosas: el hielo del Océano Glacial Ártico y osos polares. En sus calles, un barro gris y mugriento que lo cubre todo. No parece el lugar más apetecible del mundo para vivir, y aún así más de cinco mil personas lo llaman casa. Hoy nos vamos de viaje a Utqiagvik, el pueblo antes (y ahora) conocido como Barrow, el lugar habitado más septentrional de Estados Unidos: setenta y un grados norte.
