Una cicatriz de 1.500 kilómetros

En Angad, a unos 25 kilómetros al norte de Oujda, dos pistas discurren en paralelo durante decenas de kilómetros. La occidental es marroquí y la oriental argelina. Las patrullas de ambos Ejércitos casi se rozan cuando se cruzan. El sendero marroquí está en mejor estado y los vehículos argelinos cambian, a veces, a hurtadillas, de camino durante unos pocos metros para librarse de algunos baches. Otro tanto hacen los ‘todoterrenos’ marroquíes, para sortear los socavones, cuando creen que no son vistos.

Más allá ambas pistas se funden en una sola que cruza y divide una aldea de casas apelmazadas y de 120 habitantes. Los que quedan a la izquierda viven en Chraga (Marruecos) y los de la derecha en Dragda (Argelia). “Cuando la patrulla marroquí coincide con la argelina en esa callejuela que sirve de frontera una tiene que retroceder para dejar pasar a la otra”, comenta un oficial de la Gendarme marroquí.

El resto, en un fantástico reportaje de El País de ayer, con galería de fotos incluida.

(Mil gracias a Chaland por el aviso en los comentarios de la entrada anterior).

La soledad del corredor de fondo

Siempre he pensado que los maratonianos están hechos de otra pasta distinta a la del resto de los mortales. Uno, que se asfixia cada vez que tiene que correr para que el autobús no se escape, y que se agota subiendo cuatro pisos de escaleras, se echa a temblar cuando piensa en 42 kilómetros, uno detrás de otro, de asfalto. Pero se me ocurre algo peor. Que la carrera no sea sobre asfalto, sino sobre tierra, nieve, hielo o arena del desierto. Y que además no sea de 42 kilómetros y pico, sino de 50. O de 75. O de 100. Hoy daremos un garbeo por las carreras más duras, extrañas y exóticas del mundo.

Una de las carreras más duras imaginables es la maratón de montaña. A la longitud del recorrido se añaden los enormes desniveles a salvar a lo largo de la carrera. En el pico más alto de Europa se disputa la Maratón del Mont Blanc, una carrera en la que los participantes deben salvar un desnivel de más de mil metros… dos veces. El recorrido pasa cerca del trifinium entre Suiza, Francia e Italia, por cierto. El récord de la carrera está por encima de las tres horas (la mejor marca en la maratón tradicional está muy poco por encima de las dos). Pero tanto mérito o más que los que acaban primeros tienen los que acaban como farolillo rojo. El año pasado los dos últimos en llegar a la meta fueron Peter y Moira Reed, dos británicos que terminaron la prueba en 8 horas y 40 minutos. Pero llegaron.

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Frontera Sur

Hace unos días comentábamos las peculiaridades de La Raya, la frontera que separa a España y Portugal a lo largo de más de mil kilómetros. Esa frontera apenas es visible en algunas autopistas, donde se pueden encontrar viejas aduanas en desuso; en el resto de su longitud sólo los marcadores fronterizos, situados a un kilómetro de distancia unos de otros, marcan donde termina España y empieza Portugal.

El caso de la Frontera Sur, el conjunto de fronteras que separan España del Reino Unido y Marruecos, es justamente el contrario. Verjas, patrullas policiales, torres de vigilancia, puestos fronterizos y aduanas en pleno funcionamiento. Son unas fronteras muy reales y muy visibles, y se encuentran, todas ellas, en disputa desde hace décadas. Además tienen características muy particulares dignas de entrar en el Libro Guiness de los Récords.

Frontera entre España y Gibraltar (click para ampliar)Por ejemplo, el límite entre Gibraltar y España es la frontera entre dos países más corta del mundo. Mil doscientos metros de verja entre España y el Reino Unido la convierten en la más exigua de los centenares que existen en el planeta. Dejando aparte microestados como el Vaticano y Mónaco (tres y cuatro kilómetros de frontera con Italia y Francia, respectivamente), sólo hay un caso parecido de una frontera tan corta entre dos estados, y es la de Botsuana y Zambia, en el sur de África, que tiene dos kilómetros de longitud, aunque esta es una frontera no oficialmente reconocida por ninguno de los cuatro países que la circundan. Históricamente, sólo ha habido un caso de una frontera más corta, entre China y la colonia portuguesa de Macao, que tenía trescientos cuarenta metros de longitud. En 1999 Macao regresó a la soberanía China, y la verja de Gibraltar ascendió al primer puesto de las frontreras más cortas del mundo.

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