La última frontera de la Guerra Fría (I)

Oficialmente, la Guerra Fría terminó el 26 de diciembre de 1991. Ese día, el Soviet Supremo de la URSS reconoció públicamente que la Unión Soviética había dejado de existir, disolviéndose en dieciséis repúblicas independientes. Mijail Gorbachov había dimitido de su cargo un día antes, y a principios de mes casi todas las repúblicas soviéticas habían pactado la formación de la Comunidad de Estados Independientes. Pero la Guerra Fría había tenido muchos episodios calientes, que habían dejado su rastro por todo el mundo. El último frente de la Guerra Fría aún abierto no es otro que Corea.

La imagen de la cabecera de este blog está tomada en la frontera entre las dos Coreas. Esa frontera es posiblemente una de las más difíciles de cruzar del mundo. Defendida en ambos lados por cientos de miles de soldados y una cantidad aún superior de minas, separa dos mundos completamente diferentes, la próspera y dinámica Corea del Sur y la paupérrima, oscura y cerrada Corea del Norte.

Vista satelital nocturna de la Península de Corea. El norte, exceptuando la ciudad de Pyonyiang, permanece prácticamente a oscuras, en contraste con el iluminadísimo sur. La enorme mancha de luz cercana a la frontera es Seúl.

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La soledad del corredor de fondo

Siempre he pensado que los maratonianos están hechos de otra pasta distinta a la del resto de los mortales. Uno, que se asfixia cada vez que tiene que correr para que el autobús no se escape, y que se agota subiendo cuatro pisos de escaleras, se echa a temblar cuando piensa en 42 kilómetros, uno detrás de otro, de asfalto. Pero se me ocurre algo peor. Que la carrera no sea sobre asfalto, sino sobre tierra, nieve, hielo o arena del desierto. Y que además no sea de 42 kilómetros y pico, sino de 50. O de 75. O de 100. Hoy daremos un garbeo por las carreras más duras, extrañas y exóticas del mundo.

Una de las carreras más duras imaginables es la maratón de montaña. A la longitud del recorrido se añaden los enormes desniveles a salvar a lo largo de la carrera. En el pico más alto de Europa se disputa la Maratón del Mont Blanc, una carrera en la que los participantes deben salvar un desnivel de más de mil metros… dos veces. El recorrido pasa cerca del trifinium entre Suiza, Francia e Italia, por cierto. El récord de la carrera está por encima de las tres horas (la mejor marca en la maratón tradicional está muy poco por encima de las dos). Pero tanto mérito o más que los que acaban primeros tienen los que acaban como farolillo rojo. El año pasado los dos últimos en llegar a la meta fueron Peter y Moira Reed, dos británicos que terminaron la prueba en 8 horas y 40 minutos. Pero llegaron.

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La escala del mundo

El primer contacto de la mayoría de los niños con la vastedad del planeta Tierra suele ser un mapamundi sobre la pared del aula escolar. A través de esos mapas, los críos más curiosos pueden descubrir dónde están ciudades como Nueva York, el tamaño de países como Rusia, y, también, en el caso español, que nuestro país está en el centro del mundo mundial (cosas de que el meridiano de Greenwich pase por la Nacional II). Ya tendrá tiempo de desilusionarse al respecto. Los mapas que veía en los libros de texto y en las paredes de mi clase cuando era crío tenían algo raro. Yo sabía que Groenlandia era mucho más pequeña que Australia, pero en esos mapamundis la isla ártica aparecía bastante más grande que el continente australiano. El problema es, simplemente, que es imposible representar fielmente una superficie esférica, como la de la Tierra, en una rectangular.

La proyección más usada en los mapas es la Mercator, en la que está basada el mapa sobre estas líneas. Toma su nombre de Gerardo Mercator, un cartógrafo belga que vivió en el siglo XVI.El problema de cualquier mapa es que es matemáticamente imposible representar fielmente una superficie esférica sobre una plana. Cualquier mapa debería respetar dos medidas; el área, y los ángulos, es decir, las formas de los continentes. Pero, como decían en el anuncio de Kinder Sorpresa, no puede ser, son tres deseos. Uno se puede intentar aproximar, pero nada más.

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