Cómo visitar 19 países en 24 horas

Pues yendo muy rápido, claro, y sin pararse demasiado en cada país. La gesta quizás pueda parecer absurda, pero quién soy yo para juzgar a mi prójimo con el historial que tengo. Y además, ¿qué gesta no lo es? ¿Es absurdo subir al Everest? ¿Es absurdo subir catorce picos de más de ocho mil metros? Claro que lo es. Pero están ahí. Como los países. A lo que iba: los protagonistas de este enloquecido viaje son tres noruegos aficionados a los viajes extremos llamados Gunnar Garfors, Øyvind Djupvik y Tay-yong Pak, que partieron de Grecia cuatro horas después de la medianoche el pasado 21 de septiembre, y cruzaron la frontera de Liechtenstein 23 horas y 36 minutos más tarde. Esto les ha supuesto batir el récord de más países visitados en un día, establecido anteriormente en 17 países por cuatro amigos . Para el veloz recorrido usaron tanto coches de alquiler como aviones, y un suministro abundante de sándwiches y bebidas energéticas.

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Los tres tenores del viaje veloz

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Quince pueblos que deberían cambiar de nombre pero ya

15.- Kagar, Alemania. Situado a apenas 100 kilómetros de Berlín, Kagar es un pequeño publo que forma parte del municipio brandemburgués de Rheinsberg. Obviamente kagar en alemán no significa nada parecido a lo que quiere decir en castellano. Para mayor diversión, a apenas unos kilómetros se encuentra la pedanía de Repente, lo que permite ir “de Repente a Kagar“. Eso sí, hay que parar justo antes de Kagarsee (see significa lago o estanque en alemán; Kagarsee es “el lago de Kagar”. Sus aguas deben ser prístinas y cristalinas).

Kagar y Kagarsee

14.- Bastardo, Italia. Este pueblo de curioso nombre y, probablemente, padre desconocido, pertenece a la comuna (municipio) del Gianno dell’Umbria, que cuenta con poco más de 3.500 habitantes, de los que la mitad son bastardi. El nombre del lugar proviene de una hostería situada allí hace como tres siglos, llamada “osteria del bastardo”. Y así se quedó el pueblo. (Más info 1, 2)

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Las fronteras subterráneas (segunda parte)

(Para leer la primera parte, pincha aquí).

El túnel de Karavanken (Austria-Eslovenia)

En realidad el Túnel de Karavanken son dos, uno para el ferrocarril y otro para el tráfico rodado. Ambos miden casi ocho kilómetros de largo, pero son de épocas muy diferentes. El más antiguo, con muchísima diferencia, es el túnel ferroviario, que originalmente no era un túnel transfronterizo; fue abierto al tráfico nada menos que en 1906, e inaugurado por el Archiduque Francisco Fernando, cuyo asesinato unos años más tarde llevaría al mundo a la I Guerra Mundial. O sea que el túnel ya tiene un tiempo. Fue construido para unir Klagenfurt y la ciudad hoy italiana de Trieste, que en aquella época era el principal puerto de Austria. El túnel para vehículos a motor fue construido entre 1987 y 1991 entre Austria y Yugoslavia; un mes después de su apertura la boca eslovena del túnel fue el escenario de una fiera batalla entre las fuerzas yugoslavas y las eslovenas, durante lo que se llamó la Guerra de los Diez Días. A día de hoy, con Austria y Eslovenia integradas en el espacio Schengen, es una carretera más, congestionada, pero normal.

Un par de vistas del punto fronterizo exacto en el túnel ferroviario (fuente en esloveno; traducción al inglés aquí)

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Las fronteras subterráneas (primera parte)

En los tres años y medio de vida de este blog hemos visto unas cuantas fronteras raras, con trozos de países desperdigados como piezas de Lego derramadas por un niño torpe o líneas imaginarias que parten ciudades en dos, pero hasta ahora siempre nos habíamos limitado a la superficie del planeta. Pero claro, si uno mira debajo, la frontera también sigue, hasta el centro de la Tierra, donde todas las fronteras convergen y uno puede estar en todos los países del mundo a la vez (convertido en gas, eso sí, no todo iban a ser ventajas). Hay muchas maneras de cruzar una frontera, y una de las menos habituales es hacerlo bajo tierra. Carreteras, vías de tren, alijos de droga y hasta ejércitos lo hacen o lo han hecho (o al menos intentado), y de eso va la entrada de hoy. Las fronteras subterráneas. (Si algún día monto un grupo de Tecno Punk-Rock Post Industrial se llamará así).

Un trabajador francés y otro británico intercambian banderas el 1 de diciembre de 1990, tras encontrarse, por fin, los dos equipos de trabajo bajo el mar. Ese día Gran Bretaña perdió su insularidad por primera vez desde hacía ocho mil años, siglo arriba o abajo.

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Enclaves y exclaves alrededor del mundo

Si los Simpsons pueden hacer capítulos recopilatorios y nadie se queja, Fronteras no va a ser menos.

La idea mental más común de las fronteras políticas consiste en una línea que separa el país o la región A del país o la región B. Aquí acaba mi país y aquí empieza el del vecino. Sin embargo, la realidad geopolítica nos deja, en todo el mundo, pequeños trozos de un país dentro de otro, enclaves cuya situación puede provocar no pocas molestias e incomodidades a sus habitantes. En la entrada de hoy repasaremos los enclaves y exclaves que se pueden encontrar en el mundo.

Se define enclave como una parte de un país rodeada completamente por otro, y exclave como una parte de un país separada físicamente de la parte principal de éste (excluídas las islas). En la imagen de la derecha C es exclave de B, pero no enclave, puesto que limita con otros dos territorios. En la imagen de la izquierda, C es exclave de B, pero además es enclave en A.

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Las fronteras cruzadas de Jungholz

Jungholz es una pequeña comunidad perteneciente al estado federado del Tirol, al oeste de Austria. Con poco más de trescientos habitantes, es un clásico pueblo tirolés, con sus verdes campos, sus casitas bajas, sus tejados de pizarra y sus miles de toneladas de nieve en invierno. Lo que le hace especial es su condición de enclave, o de casi enclave. El pueblo se encuentra completamente rodeado de Alemania por todas partes, excepto por un único punto geométrico. En ese punto exacto se forma una de las tres únicas cruces fronterizas del mundo, también conocidas como quadrifinium o quadripoint. Jungolz, por muchas razones, es una excepción dentro del país, de la Unión Europea y del conjunto de enclaves y exclaves que tantas veces hemos visitado por aquí.

Situación de Jungholz dentro de Austria. Debajo, un detalle de la frontera. Se ve cómo un único punto es el nexo de unión del pueblo con el resto del país al que pertenece.

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